“Soy una piedra áspera. El sonido del martillo y del cincel nunca se había dejado oír en mí hasta
que el Señor me tomó en Sus manos." (Joseph Smith jr.)

miércoles, 14 de marzo de 2012

CARTA A SEBA


Querido Seba:

No se si después de tantos años te interese recibir noticias mías. Nos separamos en julio de 2001 (11 años!!!) después de vivir juntos dos años y medio. De hecho la última vez que viajé a Buenos Aires fue contigo.

Once años no se resumen fácilmente, y creo que te aburriría un poco si entro en demasiados detalles. Prefiero hablarte de cosas que recuerdo de nosotros dos.

¿Te acordás donde nos conocimos? Jajaja en la casa de los Misioneros Mormones cuando, precisamente yo era uno de ellos. Eras un flaco, un pibe solidario y cómico, mucha chispa. Debo confesarte que por aquellos tiempos me molestaba un poco que anduvieras tanto de visita por donde los Misioneros (yo era muy fariseo), y pensaba que los hacías perder el tiempo.

Terminé la Misión “honorablemente” y después que llegué a casa me entraron las dudas, ya no sabía claramente lo que creía, pero igual me convencieron para ir a escuchar al Presidente Gordon B. Hinckley, “el profeta”… fue una masa, discursos demagógicos, etc., etc. Me aburrí como nunca. Viajar desde Uruguay en bus para llegar al monumental de Nuñez y escuchar a este Señor decir las mismas cosas que decía siempre, para ese mismo día volver en el mismo bus... lamentable.

Hubo un detalle que me alegró el viaje, y fue cuando nos cruzamos a la salida. ¿Qué cosa no? Entre miles de personas justo nos vinimos a encontrar. No te voy a mentir, y te lo dije muchas veces… te habías convertido en un hombre muy bonito, y esa sonrisa me produjo esas famosas mariposas en el estómago. El bus ya salía y tuve casi que correr, pero me hubiera quedado horas charlando contigo.

El tiempo pasó, como siempre, y una noche un grupo de amigos me invitó a ir al boliche de siempre, una disco gay bastante decente. Llegué más tarde que ellos, y lo primero que corrieron a contarme fue “hay un porteño que está buenísimo” y todos andaban revoloteándote como mariposas (jaja). Y ahí estabas vos, remera escote V gris, bailando clamorosamente al final de la pista. “Que lindo está el porteñito” pensé, pero no hice demasiados comentarios, cosas de Reina Queer, no quería ser otro moscardón más codiciando al argentinito, para que no te agrandaras más viste.

Pero claro, mis amigos empezaron a socializar contigo, y rápidamente se formó un grupete que bailaba a tu ritmo. Bailar no me gusta, como recordarás. Y no tuve más opción que acercarme y hacerme el simpático (cosa que a veces me cuesta).

Ahí fue cuando te reconocí, y al mismo tiempo vos a mí. Sorpresas de la vida… y ahí empezó el clásico “¿Qué hacés acá?”, “Lo mismo que vos”, “No me imaginaba que eras gay”, “Quien iba a decir”, “¿Tenés novio?” “Yo no, ¿vos?”, “No, ni loco”.

De golpe estábamos en unos sillones recordando mil y una anécdotas de cuando fui misionero en Argentina. Recuerdo claramente que pasó cerca nuestro un joven muy bello, y me preguntaste “Che, podría intentar con ese, tengo ganas de divertirme”. Y ahí, como canta Ismael Serrano, “se hizo luz se hizo silencio, todo paró y nació el amor”… y sin darme cuenta me salió un “¿Para qué si estoy yo?” (típico de mis 24 años). Y ahí descubrí que de esa boca iba a sacar muchísimos besos.

Terminamos en uno de esos hoteluchos, horribles, de dudosa higiene, y ahí vimos amanecer desde la ventana. Hicimos el amor… bueno… para que contarlo, pero fueron varias veces. Salimos y la luz era mucho para una noche en vela. Cuando tomé el taxi te dejé el número de mi teléfono celular, y te dije “No te pierdas, me interesaría volver a verte”. Y así empezó todo.

Yo me gasté casi todo el dinero que tenía en hoteles económicos, pero no me cansaba de amarte. Estuviste algo así como una semana y media más en Montevideo, y no nos despegamos ni un día. A la mierda mis exámenes del profesorado (porque era febrero), todo me importó nada, no me podía separar de vos.

Y llegó el momento de hablar del futuro. “Y ¿qué hacemos con esto?”, “Y… no se… los amores a distancia no existen”, “¿Y si lo intentamos?” me dijiste como quien dice “Empieza el noticiero” o “Te invito al cine”. Yo dije “¿Por qué no?”

Pasaron meses antes que vinieras a vivir a Uruguay. Me llamabas todos los días entre dos y tres veces. Y yo no me separaba del teléfono móvil ni un momento. Todo era incertidumbre. Todo era futuro. Éramos dos adolescentes tardíos en un idilio de esos que te marcan la vida entera.

Y un día no aguanté más y me fui a Buenos Aires, bien cosa de loca apasionada que va a rescatar a su Príncipe azul, hicimos el amor en una cabina telefónica, jajaja. Y aquello fue Hiroshima y Nagasaki juntos. No voy a entrar en detalles que vos y yo recordamos… es por pudor nomás.  

Volví a Montevideo y ya en las clases, no hacía otra cosa que pensar en vos. ¡Que locura! Solamente quería recostarme en tu pecho desnudo y que me dijeras que me amabas.

Y allí nació la siguiente interrogante, “¿Qué hacemos con esto?”, “Me voy a Uruguay a vivir” dijiste, y mi mundo cambió de gris a multicolor.

Hubo esperas, desesperadas esperas. Pero viniste, a vivir conmigo. Y nos fue bien. Nos amamos desesperadamente por un muy buen tiempo.

Sos la primer persona con la que viví una relación de convivencia en pareja. Nos jugamos el todo por el todo. Y nos salió bien.

Tantos recuerdos, tantas cosas. No vale la pena que te recuerde el final de la relación. Para que contarlo. Solo basta con saber que fueron dos años y medio de vivir juntos, llenos de experiencias. Llenos de tu arte.

Y como sucede en esos casos, te fuiste y no quise saber absolutamente nada de vos. Quise borrarte de mi disco duro. ¡Reina despechada!(los años pasan y uno no pierde esas cosas)

En el 2009 me escribiste un email, por el fallecimiento de mi abuela. Cruzamos un par de correos, y la vida siguió. Se que triunfaste en lo tuyo, actuaste, trabajaste en TV, esas cosas que de reojo uno tiene la curiosidad de saber, pero que ni bajo pentotal confesaría.

Pero ver tu Facebook aquel día (por esa curiosidad de que no me importa pero quiero saber como estás) y todos te estaban despidiendo. Y yo congelado ante la notebook. Procesando la idea de que te habías marchado.

Se que dije parte del recitado del Sabalero: “la muerte, esa puta vieja y fría, nos tumba sin avisar!!!!”. Y te habías ido. Simplemente ya no estabas.

Es raro saber que cuando vuelva a Buenos Aires vos no vas a estar allá. Porque siempre se vuelve a Buenos Aires. Estoy seguro que con mi esposo recorreremos lugares, Palermo, Recoleta, San Telmo, y que posiblemente vos nos acompañes (después de tanto tiempo no hay espacio para los celos ¿no?) Pienso ir a ver a tus viejos, a tus hermanos y pasar una de esas espléndidas tardes que compartíamos, y charlar de todo, incluyéndote a vos.

No vale la pena maldecir la enfermedad que te llevó de este mundo. No te idealizo Seba, tuvimos encuentros y desencuentros. Pero… nobleza obliga, fuiste uno de mis amores, y el amor es eterno mientras dura.

Después de muchos meses puedo escribirte esta nota. Le conté a Diego, mi esposo, todo lo nuestro. Vos sabes que es malo atarse al pasado, y los dos escogimos vivir los presentes.

Así es que, loco, lo que tengo para decirte es “gracias” por ser quien sos en mi vida. Gracias por todos los momentos que vivimos. Y si andás por ahí entre el polvo cósmico, recibí un gran gran abrazo de mi parte. Hasta el día que me toque a mí, vas a ser parte de mi "historia".

Nos estamos viendo, en algún momento (y tarareo esa canción re vieja... "espérame en el cielo").

Con mucho mucho afecto,

Fabio

CURSO DE MEDITACION - CENTRO ABRAHADABRA (Marzo de 2012)

martes, 13 de marzo de 2012

sábado, 10 de marzo de 2012

"ANDÁ A PEINAR LAS GATAS"


 

Quiso ser un insulto. Pero fue un halago.

Hace 13 años que tengo una hermosa gata siamesa que se llama Milena; ya está viejita, pero conservamos nuestros “rituales cotidianos”, cuando me levanto y salgo de mi dormitorio suelo saludarla y ella me contesta con un cascado maullido (producto del paso de los años).

Yo no sabía hace 13 años que uno podía ser amigo de un animal. Lo descubrí con Milena. Cuando llegó a mi casa era una vigorosa y fresca gatita que me miró con ojos de miedo. Pero la complicidad fue casi instantánea. Primero acercamientos furtivos; luego desde los lugares menos esperados saltar sobre mis hombros y caminar conmigo.

Yo estaba terminando mi carrera de profesorado, y pasaba horas y horas leyendo, sentado en uno de los cómodos sillones del living room; allí fue cuando aprendí que Milena jugaba como si fuera un cachorro canino. Yo le arrojaba una bola de papel y ella corría a buscarla para dejarla en mis pies.

Trece años son trece años; es bastante tiempo en la vida de una persona. Tengo una amiga, Eleonora, ella tiene a su siamés plateado, Paco. Compartimos la misma experiencia. Nuestros gatos no son solamente mascotas, son nuestros amigos, nos cuidan, nos consuelan, y cuando estamos enfermos nos vigilan constantemente.

También tienen celos de nosotros. ¿Pero como no ceder cuando te piden estar en tu falda mientras trabajas en el ordenador?

Con los años  hemos desarrollado nuestros códigos comunes. A Diego, mi esposo, no le gustan los pelos de los gatos en el dormitorio. Y con Milena lo respetamos; pero cuando el se va a trabajar, ella viene corriendo y se sube a la cama y me acompaña. A veces miramos TV, a veces duerme la siesta conmigo; y ya conocemos nuestras miradas cómplices.

Milena ha conocido a casi todos los seres que yo quiero y amo. Conoce los detalles más íntimos de mi vida. Cuando me separé de mi primer compañero, y lloraba por las madrugadas, Milena estaba sobre mi pecho (aunque no le gusta el humo del cigarrillo, lo soportaba con tal de acompañarme).

Milena siempre me ha esperado cuando regreso del trabajo. Esa es la hora de escuchar algunos de sus reclamos (si su baño está sucio, o si desea más comida).

A mi parecer, Milena sigue siendo igual que siempre, y supongo que ella piensa lo mismo de mi, aunque en nuestro interior ya ambos notamos los comienzos del cabello encanecido el uno del otro, nuestros cuerpos ya no son atléticos como antes… pero en el fondo seguimos siendo los mismos. Amigos.

Me siento orgulloso de haber aprendido a tener una amiga de otra especie; ha sido todo un aprendizaje, ha sido toda una aventura.

Hace pocas semanas, un idiota, de esos que nunca faltan, y que se piensa que porque soy gay encajo en un estereotipo que en realidad solo existe en su magra mente (y que si así fuera, es enteramente mi elección), quiso insultarme diciendo “Andá a peinar tus gatas”, casi como si le dijera a su ex esposa “andá a lavar los platos”.

Fue un halago en realidad. Dudo que el tenga un amigo o amiga como yo tengo a Milena y como Milena me tiene a mi. Después de todo una fidelidad incondicional de 13 años… no la tiene cualquiera.

lunes, 23 de enero de 2012

Cerrando Puertas - Paulo Coelho


 
Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los por qué, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.
Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente…
El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú… Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte.
La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas" por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones? , ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.
Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Por eso cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.
Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!

viernes, 18 de noviembre de 2011

Sobreviviendo - Víctor Heredia

En homenaje a los que se me adelantaron... 
 
 
Me preguntaron como vivía, me preguntaron;
sobreviviendo dije, sobreviviendo
tengo un poema escrito más de mil veces,
en él repito siempre que mientras alguien
proponga muerte sobre esta tierra
y se fabriquen armas para la guerra
yo pisaré estos campos sobreviviendo
todos frente al peligro sobreviviendo
tristes y errantes hombres sobreviviendo
sobreviviendo...sobreviviendo...
Hace tiempo no río como hace tiempo
y eso que yo reía como un jilguero,
tengo cierta memoria que me lastima
y no puedo olvidarme lo de Hiroshima.
Cuanta tragedia sobre esta tierra
hoy que quiero reírme apenas si puedo
ya no tengo la risa como un jilguero
ni la paz de los pinos del mes de enero;
ando por este mundo sobreviviendo
sobreviviendo...sobreviviendo
Ya no quiero ser solo un sobreviviente,
quiero elegir el día para mi muerte.
Tengo la carne joven, roja la sangre,
la dentadura buena y mi esperma urgente,
quiero la vida de mi simiente.
No quiero ver un día manifestando
por la paz en el mundo a los animales
como me reiría ese loco día
ellos manifestándose por la vida
y nosotros apenas sobreviviendo...
sobreviviendo...sobreviviendo...